Los bosques secos ecuatoriales de Perú y Ecuador representan una formación florística de singular importancia a nivel global. Originalmente cubriendo la mayor parte de la zona costera de Ecuador y el norte de Perú, hoy en día quedan pocos ejemplares de estos bosques en buen estado de conservación.

El desarrollo de estos bosques ha sido debido a su posición geográfica, combinado con una topografía bastante variable y una amplia variedad de climas locales. Así, la precipitación pluvial es el factor climático más variable y por ende el más importante, produciendo ambientes tan variables como desiertos y bosques tropicales en distancias muy pequeñas.

Sin embargo, y debido al importante efecto de la precipitación sobre la flora de esta región, las diferentes unidades florísticas han sido englobadas bajo el término común de bosques secos .

La distribución de estos bosques es amplia e incluye la parte central y sur de la costa ecuatoriana, desde el sur de la provincia de Esmeraldas, extendiéndose hacia el sur hasta la costa norte del Perú en los departamentos de Tumbes, Piura, Lambayeque, Cajamarca y La Libertad principalmente.

La diversidad biológica de la región es bastante diversa e interesante, producto de un singular proceso evolutivo que ha mezclado flora y fauna de ambientes áridos costeros, de la biota andina y de los bosques lluviosos tropicales. Los niveles de endemismos, son aún mucho más significativos; se estima, por ejemplo, que de las 6,300 especies de plantas que se pueden encontrar en el oeste de Ecuador, 20% son consideradas endémicas.

La importancia de la vegetación es también reconocida por su alta representatividad en los diferentes ambientes y en algunos casos son consideradas como símbolos de los bosques secos, tal es el caso del "algarrobo" (Prosopis sp .), el "ceibo" (Ceiba trichistandra), y el "guayacán" (Tabebuia spp.). Cabe mencionar que esta región es también una de los centros mundiales de diversidad de plantas.

La fauna es igualmente diversa y también con altos niveles de endemismo. En la región habitan unas 800 especies de aves, de las cuales alrededor del 10% son endémicas o de rango-restringido (es decir propia de la región). Esta proporción es bastante alta, ya que pocas áreas en el mundo contienen más especies de aves de rango restringido que esta región. En relación a los mamíferos, de las 124 especies registradas en las zonas bajas del Ecuador, 54 están restringidas en distribución a las zonas de la costa de Ecuador, Colombia y Perú. El endemismo es mucho más alto, considerando a los murciélagos donde el 24% de las especies ecuatorianas están restringidas a las zonas bajas del oeste.

Los bosques secos de la región Tumbesina, es uno de los ecosistemas más amenazados a nivel mundial. El tipo de bosque característico de la región, el bosque tropical seco, ha sido tan degradado que actualmente su extensión se calcula es sólo entre 1 a 5% de la cobertura original. Esta dramática reducción del bosque al oeste de Ecuador ha sido causada por la presión humana de una población en continuo crecimiento. La población humana que habita la región Tumbesina esta alrededor de los ocho millones de personas, correspondiendo una mayor parte al Ecuador, lo cual de alguna manera explica en mayor grado de deforestación y fragmentación de ecosistemas en este país.

La migración humana de partes alto andinas hacia la costa junto a las mejoras en la infraestructura vial también han incrementado los impactos sobre los recursos naturales de la región. Como resultado mas del 90% de las zonas bajas (por debajo de los 900 m) del oeste de Ecuador han sido convertidas en tierra agrícolas. En el noroeste de Perú la destrucción de los bosques secos no ha sido tan marcada como en Ecuador pero la situación es aún bastante preocupante.

La destrucción de los bosques también han afectado a muchas de las especies de fauna de la región, poniéndolas en grave peligro de extinción, incluyendo 14 especies de aves clasificadas como amenazadas (como la pava aliblanca Penelope albipennis y el perico macareño Brotogeris pyrropterus) y muchas especies de plantas que se creen ya están extintas.

Cabe destacar que otras consecuencias asociadas a la extinción de especies como la erosión del suelo, desertificación y pérdida o alteración de las cuencas, así como el uso no-sostenible y la continua destrucción de los bosques no solo podría empeorar nuestra situación, sino la de la actual población rural ya empobrecida. Entonces, resulta temerario, sino directamente peligroso, atentar continuamente contra el sistema que sustenta nuestra vida. Además, es poco ético causar la extinción de otras formas de vida y, de esta manera, privar a las generaciones presentes y futuras de opciones para su supervivencia y desarrollo.